lunes, 4 de marzo de 2013

El Pirata Noble



Fue una tarde como si nunca hubiera existido. Se sentó en la madera observando el último atardecer de su vida.

Recordó tantas cosas, tantas personas que existieron al andar y que ya no estaban cuando juraron estar por siempre y jamás. Él estaba solo, sentado, esperando como animal nuevo un mejor hogar, una nueva sabiduría y otro espacio donde olvidar lo del pasado, simplemente olvidarlo.
Su vida no había sido muy satisfactoria, era como cualquiera de los demás, aunque solo cambió una sola vez.

Cambió una mañana con su amanecer, donde empezaba el día, donde empezaba su vida y sus sueños. Ese amanecer corrió despavoridamente hacia la arena, se escondía como siempre de los guardianes de la escuela que lo veían fugarse una vez mas.

Todavía no se iban los colores naranja y amarillo del amanecer cuando al fondo del mar de Colón vio una gran nave, una de esas cosas que te hacen estar allí, de dar lo que sea por poder tenerlas. A él se le ocurría poder robar la nave, y después robar el mar, para que ya no fuera de Colón de las Américas, sino de Evan, el pirata noble se haría llamar.

Esperó al barco sentado en la arena casi doce horas sin que nada pasara, con el sol poniéndose y las esperanzas casi caídas.

Lo esperó treinta dos horas.

Lo esperó cuarenta y tres y media horas y nunca se acercó ni siquiera un milímetro. Fue entonces que el pirata noble se hechó a llorar en la arena, porque nunca podría subirse a ese barco de sus sueños, sus deseos se iban acabando poco a poco con los colores el cielo que caían al atardecer igual que él.
Así que no regresó a casa, fue con un amigo para decirle que se fueran, que serían piratas juntos, que saquearían todo lo que podrían, que lucharían por un día mas de vida en la mar. Le prometió que regresarían antes de que murieran para poder ser enterrados con su madre y su padre. Le dijo que zarparían en una balsa que robarían al amanecer y que, allí, empezaba el encuentro con su vida, sus sueños y el amor.
Su amigo se emociono tanto que su cara se puso roja de emoción, corrieron por el jardín de la plaza gritando que serían piratas...

-Cuídense de mí-
- Y de mí-
- Que juntos pelearemos como héroes por la libertad-
- ¡el ron de las películas!-
- ¡y por la mar!-

Llegó el amanecer y su amigo nunca llegó.
El pirata noble tenía que zarpar en cualquier momento, pues la balsa de madera también se iba a ir pronto a su viaje matutino y su amigo pirata también no acudía al llamado.
Fue necesario repetir, su amigo nunca llegó.
Así que zarpó con  lágrimas esparcidas por toda su cara, empapada de ilusiones rotas por un amigo que dijo "nunca abandonarle", pero el amor por lo desconocido era mayor que cualquier promesa y se fue a la mar.

No sabe cuantos días trató buscando su nave perdida en la mar de Colón que nunca llegó a ella.
Fue entonces cuando su alma pequeña se soltó a llorar.
Estaba solo en la mar de Colón, sin comida y sin agua que beber, pues toda el agua que le rodeaba estaba envenenada de sueños que no se cumplieron, de vacíos que el tiempo forjó con tripulantes embrujados y piratas muertos.

Entonces vió un enorme y hermoso barco que se iba acercando a su balsa casi hundida, se detuvo a su lado y se vió un señor muy bien arreglado que gritó :
-          ¡Ven aquí ! Se que buscas el placer, la vida de fiesta, ven al crucero donde pasarás el resto de tu vida gozando en alta mar.
El niño, muy asustado y preocupado preguntó :
-          ¿Quién es usted ? ¿Cómo se llama su barco ?
-          Se llama el Cielo y te esta esperando.
-          ¿Conoceré el mar ? ¿Veré todos los atardeceres del mundo ?
-          Eso no, la mar no está hecha para un niño como tú, pero si toda la diversión de aquí.

El noble pirata pensaba que el mar no dejaba de atraerle a pesar de que fuera muy peligroso, así que dudó con el alma y corazón y rechazó la oferta, dijo que su sueño era conocer la mar, no vivir con placeres ni vidas arregladas.
Así que el barco se fue para nunca mas volver.
Entonces vió a lo lejos un señor muy moreno también naufrago como él, le gritó tan fuerte que su corazón se detuvo a ratos. El señor moreno con barba blanca nunca le dirigió la mirada pero su madera se iba acercando a su balsa con mitad de agua.

-¿Quién eres? ¡Ayúdame por favor!-

El señor no le contestó por un momento, después, sin mirarlo a los ojos le dijo claramente:

- ¿Tú quien eres?
- Yo soy Evan, ¡el pirata noble!-
- ¿Noble? No había oído ese subtitulo del amor a la mar.-
- ¿Eres humano? - le preguntó con miedo el niño casi perdido en sus ojos.
- No lo soy. Soy de la ciudad llama el Cielo.
-¿El Cielo? Pero un barco que me prometió lujos y comodidades también se llamaba el Cielo-
-Ese no es el cielo, ese es el Averno, lugar donde se entra al inframundo para no volver jamás. Ahí se quedan muchas personas que por lujos y comodidades olvidan su verdadero sueño, su verdadera lucha por ser quienes son.
Si vienes conmigo tu sueño será cumplido y podrás vivir en la mar, conocerla y ser feliz en ella.
-          ¿Nada de trucos ?
-          Nada que no puedas ganar para vencer tu anhelo.

El pirata noble se fue con el señor de barba blanca y cumplió su sueño a base de esfuerzo y sacrificio. Cuando creció ayudó a los demás sin importar que es lo que pedían y formó su propia tripulación para manejar en aguas claramente desconocidas. Tanta confianza tuvieron  sus agentes que lo hecharon al mar para quedarse con su barco, los lujos que había cosechado y el mar, pero el mar siempre fue de el pequeño noble pirata, que naufragó las ultimas semanas de su vida justo donde había encontrado al barco y al señor moreno, lo recordaba por la posición de las estrellas.

Entonces recordó el principio de la historia, donde muere lentamente igual que el sol en el ultimo atardecer que vería en vida. Navegó por más de cincuenta años en el mar, vivió feliz y encontró la felicidad y tranquilidad espiritual que un amanecer de infancia le hizo reclamar. Así que vió el sol irse lentamente, lloró con melancolía de dejar el amor, su mar, el mar que el  pequeño noble pirata siempre amó, que siguió sus sueños y luchó por ellos.

Se recostó sobre la madera que flotaba en el agua de colores, el sol desapareció y su alma de lucha y siempre infantil el agua se llevó.

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